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Por Luz Amparo Bueno Precandidata a la Gobernación del Quindío

Precandidata a la Gobernación del Quindío

-Centro Democrático-

Terminando el primer semestre de 2019, se abre paso la hora del balance del sector público y privado. En el caso del departamento de Quindío –como región que le apuesta  a la construcción de un nuevo modelo desde el territorio- está en mora de mirar su alto potencial en materia de biodiversidad y agrícola desde su vocación cafetera con impacto económico y social.

Si se observa con detenimiento, más allá de las estadísticas que dejó a su paso la violencia de más de cinco décadas, por esta región de Colombia, este hecho impidió que desde la academia, el sector empresarial, los ciudadanos y campesinos (hombres y mujeres), pudieran hacer de la actividad agropecuaria y la agroindustria su fuente de ingresos, Con el propósito de contribuir a elevar –de entrada- su calidad de vida, pero a la vez contribuir a generar índices positivos y en crecimiento ascendente  del producto interno bruto,  las exportaciones, la generación de empleo, y aportar al  volumen de la canasta básica alimentaria del país.

En mi calidad de precandidata a la Gobernación del Quindío (Centro Democrático)  –desde la ciudad de Armenia- quiero decirles que conozco los retos y oportunidades del agro del departamento,  sometido a grandes riesgos por la variabilidad climática y la volatilidad de los precios internacionales de bienes agrícolas.

La gran pregunta que surge es: ¿qué camino tomar alrededor del sector agropecuario? El cual posee tanta riqueza a partir de la posición geográfica del departamento del Quindío –con un privilegio geográfico inmensa- epicentro de biodiversidad, investigación y ecoturismo.

Sin duda, la repuesta es la puesta en marcha de la innovación agropecuaria, que permitiría a mediano y largo plazo no solo visibilizar ante los ojos de la comunidad internacional, las bondades del sector desde esta región colombiana, que le ha aportado tanto históricamente a la construcción como país, como fuente de integración desde la zona cafetera  con el centro del país y como punto de referencia en el planeta, a la hora de hablar de la diversificación de la economía.

La meta es y será el impulso y promoción de soberanía alimentaria, liderado por el Gobierno del presidente Iván Duque. Una  soberanía alimentaria entendida como el  derecho de la región a definir su propia política agraria y alimentaria, bajo un escenario de implementación del un modelo productivo y trasformador de la economía desde la familia del campo, donde el sector agrario debe, y, está llamado a jugar un papel fundamental el fortalecimiento del desarrollo económico.  

Lo que Colombia y el Quindío deben edificar desde el territorio con el concurso de la familia desde el campo, la academia –como centro del pensamiento- es un modelo de desarrollo económico de innovación bajo una bandera: “la agricultura responsable con el ambiente”.

Una línea de acción público- privada que desde la práctica no es otra cosa que acciones individuales y colectivas  de conservación de suelos, buenas prácticas en el uso y manejo de agroquímicos, disposición adecuada de los desechos de la producción, uso racional del agua, son ejemplos de prácticas agrícolas responsables con el ambiente que se deben observar en la agricultura. El no hacerlo generará impactos ambientales inaceptables.

Esta lectura, del presente y futuro del campo no es gratuita. Es fruto de nuestro recorrido por el Quindío en sus áreas urbanas y rurales, que me permite afirmar “hoy más que nunca es fundamental fortalecer la dignidad de las familias dedicadas a la actividad agropecuaria y cafetera: que obtengan ingresos dignos y el reconocimiento social por su aporte al empleo, la economía, el ambiente y la seguridad alimentaria. Es pertinente fortalecer el sistema regional  de producción de alimentos de la canasta básica, por medio del incremento de la productividad, el valor agregado y mejores sistemas de comercialización”.

A esta estrategia, debe sumarse la construcción de una cultura agroexportadora, mediante la mejora regulatoria en temas aduaneros, sanitarios y fitosanitarios. Mejorar el sistema de innovación, el acceso a crédito, la simplificación de trámites y la reducción de los costos de producción por medio de la gestión del conocimiento, lo cual beneficiaría tanto a la producción local como a la agricultura de exportación.

Otro pilar fundamental de la política de Estado –que se reclama desde el Quindío y que asumimos con liderazgo y diálogo ciudadano- es impulsar desde la Gobernación una agenda que visibilice a la agricultura ante el cambio climático, con acciones para la reducción, captura o compensación de gases de efecto de invernadero, incluyendo el uso de fuentes renovables de energía, así como para la adaptación de la agricultura al cambio climático, por medio de la investigación en nuevas variedades de plantas y otros elementos de nuestra biodiversidad, mejor utilización del recurso hídrico, sistemas de alerta temprana y seguros agrícolas adecuados al clima cambiante. Finalmente, nos proponemos crear más y mejores oportunidades para la juventud del agro, por medio de una agricultura rentable, con alto valor agregado, y con un uso intensivo de herramientas modernas de infocomunicación como soporte a la toma de decisiones en el manejo de la producción y la comercialización.

No esperemos que sobre el horizonte de Colombia, se asome una crisis alimentaria. Es hora de actuar aquí y ahora. El mejor patrimonio que tiene Colombia en su gente. En el caso del Quindío, sus habitantes tenemos una vocación agrícola que está registrado en la historia. Que ha pasado de generación en generación y que en la actualidad bajo la era de las Tecnologías de la Información (Tics) es la mejor apuesta que puede hacer el Estado, en respuesta a la globalización.

En otras palabras, soy amiga de reforzar la agroecología, la innovación campesina y las redes de comercio justo. Ese es el camino para garantizar el derecho a la alimentación. En 2011 la FAO publicó el libro “Ahorrar para Crecer”, en el que enfatiza la necesidad de una “intensificación sostenible de la agricultura familiar”. Es decir, una producción eficiente sin dañar el medio ambiente, y en 2013 la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo publicó el informe “Despierten antes que sea demasiado tarde”, en el que indica la necesidad de “reformar las reglas del comercio agrícola, dando mayor espacio político para asegurar la soberanía alimentaria, la y adaptación al cambio climático, y repensar el enfoque de integrar a los pequeños productores en las cadenas globales de suministro”. En el marco de la reciente cumbre del clima de la ONU, se creó la Alianza por la “Agricultura Climáticamente Inteligente”, donde actores públicos y privados reconocieron que no podemos, en agricultura, seguir haciendo “negocios como siempre”. Nuestra propuesta está a tono con las tendencias mundiales más recientes.

Sabemos que la ruta no es fácil, pero ya iniciamos. Con trabajo, tesón y metas claras daremos pasos firmes y decididos hacia la agricultura del futuro que, más que intensiva en insumos, será intensiva en conocimientos.

Finalmente, quiero ratificar en mi condición de ciudadana y  precandidata a la Gobernación del Quindío que Colombia con el protagonismo de sus habitantes, tiene una oportunidad a futuro de asegurar una producción de alimentos viable, con capacidad de garantizar en el tiempo una gestión sostenible de los recursos naturales, desde una región cafetera, que rechaza la violencia y da  bienvenida a la innovación agropecuaria. 

“El Quindío puede ser protagonista de nueva mirada del Estado al sector rural”.